El matrimonio está más allá del alcance de muchos estadounidenses de clase obrera, según un estudio

La investigación sugiere que la inseguridad sobre el empleo, las finanzas y el futuro provoca el descenso en el número de parejas casadas

Por Amy Norton
Reportero de Healthday

MARTES, 13 de agosto (HealthDay News) -- La inseguridad laboral o la incertidumbre sobre el futuro podría ser una parte clave de lo que evita que muchos estadounidenses de clase trabajadora se casen o permanezcan casados, sugiere un estudio reciente.

En los últimos años se han producido grandes cambios en la familia estadounidense tradicional. Según la Oficina del Censo de EE. UU., las parejas casadas ahora conforman menos de la mitad de todos los hogares de EE. UU., un descenso respecto al 78 por ciento en 1950.

Pero también hay unas claras diferencias económicas. Por ejemplo, las mujeres con diplomas universitarios son mucho más propensas a casarse que las mujeres que solo tienen un diploma de secundaria, un giro marcado respecto a hace unos años.

"Definitivamente es real que hay una división de clases en el matrimonio", planteó Andrew Cherlin, profesor de sociología y políticas públicas de la Universidad de Johns Hopkins, en Baltimore, que estudia las tendencias en el matrimonio y en la familia.

"Los adultos de clase obrera posponen el matrimonio y se casan más tarde que antes", comentó Cherlin. "El matrimonio también parece estar en declive como un contexto para tener hijos en la clase obrera".

Eso es lo que sucede en el panorama general. En el nuevo estudio, los investigadores entrevistaron a unos 300 estadounidenses, tanto de clase obrera como de clase media, para obtener información sobre cómo la economía y la educación están afectando las perspectivas de las personas sobre el matrimonio.

Hallaron que, en general, los hombres y las mujeres de clase trabajadora apuntaban a la inseguridad laboral, a los salarios bajos y a una falta de recursos como disuasorios a la hora de intercambiar votos. En resumen, tenían dificultades para imaginarse que tenían que mantener a otra persona, financiera o emocionalmente, según Sarah Corse, una de las investigadoras del estudio.

"Para las personas, planificar un futuro no tiene sentido cuando ni siquiera saben si recibirán un sueldo", explicó Corse, profesora asociada de sociología de la Universidad de Virginia, en Charlottesville.

Los hallazgos, sobre los que se reportó el martes en la reunión anual de la Asociación Americana de Sociología (American Sociological Association) en la ciudad de Nueva York, ofrecen cierta información sobre el motivo de que el matrimonio no sea ahora tan atractivo como antes, aunque la mayoría de estadounidenses siguen afirmando que desearían casarse en algún momento.

Debido a que este estudio se presentó en una reunión médica, sus datos y conclusiones deben ser considerados como preliminares hasta que se publiquen en una revista revisada por profesionales.

La decisión de casarse no es un tema solo personal o moral, dijo Corse. Y para muchas personas de la clase obrera, las ventajas del matrimonio no están tan claras. Comprometerse con alguien que tiene un empleo con un sueldo bajo y una deuda alta, por ejemplo, quizás no parezca ser una buena decisión.

"Debemos pensar sobre cómo la desigualdad en los ingresos afecta a otros tipos de desigualdades", planteó Corse. "Es más difícil elegir casarse, o mantener un matrimonio, si se carece de los recursos que muchas personas de clase media con un buen nivel educativo tienen".

Cherlin, que no participó en el estudio, se mostró de acuerdo. "En nuestra nueva economía, los adultos de clase obrera con frecuencia carecen de los recursos para lograr que un matrimonio a largo plazo funcione, así que en vez de ello eligen relaciones a corto plazo", señaló. "El matrimonio tiene un rol menos importante en las vidas de los estadounidenses con educación secundaria que entre los que cuentan con educación universitaria".

Corse apuntó que en una época anterior, los estadounidenses sin educación universitaria podían de todas formas contar con un trabajo seguro que estuviera bien pagado, en áreas como la fabricación. Dijo que ahora las oportunidades con frecuencia son en la industria del servicio, donde los trabajos están mal pagados, solo son a medio tiempo y no ofrecen seguro de salud ni otros beneficios.

Una de las personas del equipo de Corse entrevistó a Cindy, una mujer de mediana edad que ha vivido siempre en el mismo pueblo de Ohio. Cindy dijo a los investigadores que cuando era una niña, su padre tenía un trabajo estable en manufactura y su familia vivía cómodamente.

Pero para cuando Cindy se casó, esos trabajos eran mayormente cosa del pasado y su marido no podía hallar un trabajo estable. Al final, la dejó, y se quedó como madre soltera con un trabajo de salario mínimo en un supermercado. Su hija, que ahora tiene 20 años, nunca terminó la secundaria, y vive con Cindy y el novio de Cindy.

Esas relaciones de convivencia son más comunes entre los estadounidenses de clase obrera y con una educación de secundaria que entre los que tienen una educación superior, apuntó Corse.

"Entre las personas de clase media, el matrimonio por lo general aumenta la estabilidad, pero entre la clase obrera, con frecuencia no es así", comentó.

Y esto significa estabilidad tanto financiera como emocional. Corse se preguntó, "si uno no puede gestionar los problemas propios, ¿cómo puede asumir los de otra persona? El matrimonio simplemente no parece atractivo".

Por su parte, Cindy le dijo a los investigadores que no tiene planes de casarse con su novio actual. (Su segundo matrimonio terminó en divorcio después de que su marido comenzara a abusar físicamente de ella y de su hija).

Cindy dijo que sigue teniendo esperanzas de una relación a largo plazo y satisfactoria. Pero le comentó a los investigadores que no se siente "optimista".

Más información

La Oficina del Censo de EE. UU. ofrece más información sobre las tendencias nacionales respecto al matrimonio.


Artículo por HealthDay, traducido por HolaDoctor.com

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FUENTES: Sarah Corse, Ph.D., associate professor, sociology, University of Virginia, Charlottesville; Andrew Cherlin, Ph.D., professor of sociology and public policy, Johns Hopkins University, Baltimore; August 13, 2013, presentation, American Sociological Association annual meeting, New York City

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