¿Se podrían aliviar con una inyección en el cuello los sofocos difíciles de soportar?

Un estudio pequeño sugiere que el tratamiento podría ofrecer un alivio de una forma no hormonal después de la menopausia

Por Barbara Bronson Gray
Reportero de Healthday

SÁBADO, 12 de octubre (HealthDay News) -- Una inyección en el cuello puede aliviar los sofocos muy intensos asociados con la menopausia, según sugiere un pequeño estudio reciente.

Inyectar un anestésico local en una zona del cuello que se comunica con la zona de regulación de la temperatura del cerebro se asoció con una reducción del 50 por ciento de los sofocos en las mujeres con síntomas entre moderados y graves, informaron los investigadores.

Dado que las investigaciones realizadas durante la última década han sugerido que seguir una terapia de reemplazo hormonal para controlar los síntomas de la menopausia podría asociarse con un aumento del riesgo de sufrir enfermedades cardiacas y cáncer, muchas mujeres han estado buscando un medio no hormonal seguro y efectivo para reducir los sofocos.

El tratamiento con el anestésico no está diseñado para todas las mujeres que tengan sofocos. Está pensado para las que estén sufriendo sofocos muy molestos con regularidad y que afecten a su calidad de vida, comentó el autor del estudio, el Dr. David Walega, jefe de la división de tratamiento del dolor en la Facultad de Medicina Feinberg de la Universidad de Northwestern, en Chicago.

"Esto es para las personas que se encuentran empapadas de sudor en numerosas ocasiones, mujeres con dificultades para realizar su trabajo, que antes del sofoco sufren de una ansiedad extrema. Y cuando eso ocurre varias veces al día, también vemos ansiedad y depresión", explicó Walega. Algunas pacientes de cáncer de mama dejan de tomar la medicación (tamoxifeno) porque provoca sofocos, añadió.

Los sofocos son sensaciones repentinas de calor que empiezan en la cara y se extienden al cuello y a la zona del pecho, y a veces van acompañados de sudores y de un enrojecimiento de la piel. Están asociados con la menopausia, pero también pueden producirse en pacientes que toman medicamentos que bloquean el estrógeno, normalmente para el cáncer de mama o de próstata. Walega estimó que los sofocos afectan a más del 80 por ciento de las mujeres con menopausia.

Para dar el tratamiento, el médico usa imágenes guiadas para inyectar un anestésico local en lo que se llama el ganglio estrellado, una zona entre la glándula tiroides (alrededor de la laringe) y la arteria carótida. "La paciente siente una sensación de presión intensa desde el dedo del médico [que dirige la aguja], y el dolor es moderado", afirmó Walega. "En 30 segundos hemos terminado".

Los investigadores tuvieron la idea de combatir los sofocos más intensos con un tratamiento en el ganglio estrellado a partir de las consecuencias inesperadas de un estudio sobre el dolor publicado en la revista The Lancet en 2007. "Los pacientes dijeron que seguían sintiendo el dolor, pero que ya no sufrían los sofocos", comentó Walega.

Para realizar este estudio, presentado el sábado en la reunión anual de la Sociedad Americana de Anestesiólogos (American Society of Anesthesiologists) en San Francisco, los investigadores contaron con 40 mujeres de entre 35 y 65 años de edad. Todas estaban en la menopausia, de forma natural o inducida quirúrgicamente (cuando se extirpan los ovarios).

La mitad de las mujeres recibieron una inyección de bupivacaína (un anestésico local), un clorhidrato, para el bloqueo del ganglio estrellado. A las demás se les dio un placebo, una inyección con una solución salina. Las participantes registraron sus sofocos durante dos semanas antes de recibir la inyección y seis meses después.

Los investigadores hallaron que el bloqueo del ganglio estrellado reduce a la mitad el número de sofocos, sobre todo en las mujeres que sufren de sofocos entre moderados y graves, y los beneficios parecen durar durante al menos seis meses. Las mujeres también afirmaron que experimentaron un nivel menor de depresión con las inyecciones de bupivacaína, y demostraron tener una mejor memoria verbal de las palabras hablabas.

Walega afirmó que el tratamiento es seguro cuando lo hacen médicos que han sido especialmente capacitados y que usan una fluoroscopia de rayos X para poner la inyección. El ganglio estrellado está situado cerca de la arteria carótida, la arteria vertebral y la médula espinal. "Poner la inyección del anestésico en alguna de estas arterias podría causar convulsiones y la pérdida de la conciencia, y podría causar daños a la médula espinal", explicó. Y por lo que se refiere al riesgo por la exposición a la radiación por la fluoroscopia, es equivalente a la de las radiografías torácicas, añadió.

¿Por qué iban a funcionar estas inyecciones? Walega dijo que cree que el ganglio puede tener un papel en la activación o desactivación de ciertos nervios. "Es complejo y hay muchas más cosas que desconocemos", reconoció Walega. "Quizá estemos reiniciando el termostato". Walega ahora planea hacer un estudio más grande con 200 participantes, comentó.

La Dra. Grace Forde, médica y especialista en el tratamiento del dolor en el Hospital Syosset de Nueva York, afirmó que un gran porcentaje de las pacientes que reciben un placebo también afirmaron que sus sofocos habían mejorado. "Los procedimientos invasivos tienen a menudo un efecto placebo mucho más fuerte", comentó.

Walega estimó que si el tratamiento demuestra ser efectivo en un estudio de mayor tamaño, podría costar entre 750 y 1000 dólares.

Forde, que no estuvo relacionada con el estudio, afirmó que cree que los beneficios del tratamiento probablemente superen los riesgos. "No se puede poner un precio a la calidad de vida. Personalmente creo que vale la pena".

Debido a que este estudio se presentó en una reunión médica, sus datos y conclusiones deben ser considerados como preliminares hasta que se publiquen en una revista revisada por profesionales.

Más información

Para más información sobre la menopausia, visite los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE. UU.


Artículo por HealthDay, traducido por HolaDoctor.com

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FUENTES: David Walega, M.D., chief, division of pain medicine and program director, multidisciplinary pain medicine fellowship, department of anesthesiology, Northwestern University Feinberg School of Medicine, Chicago; Grace Forde, M.D., attending physician, pain management specialist, Syosset Hospital, Syosset, N.Y.; Oct. 12, 2013, presentation, American Society of Anesthesiologists annual meeting, San Francisco

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