Un estudio halla que se sigue azotando a los niños, en su detrimento

Halla unas peores habilidades de lenguaje y conducta a los 9 años de edad entre los niños a los que se había castigado físicamente años atrás

Por Dennis Thompson
Reportero de Healthday

LUNES, 21 de octubre (HealthDay News) -- Los azotes pueden afectar a la conducta y a la capacidad de aprendizaje de los niños durante años, y el impacto de la disciplina física reverbera incluso mientras los niños se acercan a la adolescencia, sugiere un estudio reciente.

Los niños de nueve años a quienes sus madres azotaban al menos dos veces por semana a los 3 o a los 5 años de edad eran mucho más propensos a violar las reglas y a actuar con agresividad que los niños a quienes no se azotaba, según el estudio, que aparece en la edición en línea del 21 de octubre de la revista Pediatrics.

Esos niños también eran más propensos a tener una puntuación más baja en las pruebas de vocabulario y de comprensión lingüística si sus papás les daban azotes dos veces o más por semana a los 5 años.

"Hallamos que hay efectos no solo en el desarrollo conductual que las personas normalmente observan, sino también en los marcadores del desarrollo cognitivo, como la capacidad verbal del niño", apuntó el coautor del estudio, Michael MacKenzie, profesor asociado de la Facultad de Trabajo Social de la Universidad de Columbia, en la ciudad de Nueva York. "Esos efectos eran duraderos. No se trata solo de problemas a corto plazo que desaparecen con el tiempo. Y los efectos eran más potentes entre los que recibían azotes más de dos veces por semana".

MacKenzie describió los hallazgos como "un ladrillo más" en la creciente montaña de investigación que vincula los azotes con la agresividad y los problemas conductuales.

Un estudio publicado en marzo halló que azotar a los niños que tienen una predisposición genética a la conducta agresiva los vuelve más agresivos. Unos investigadores canadienses publicaron en julio un estudio que halló que hasta el 7 por ciento de una variedad de trastornos de salud mental en la adultez se asociaban con el castigo físico en la niñez.

"La gente se encuentra con lo mismo una y otra vez", apuntó MacKenzie. "Los azotes podrían ser el factor contribuyente más importante en la mala conducta de los niños".

32 países prohíben que los padres o cuidadores apliquen castigos físicos a los niños, pero la práctica se permite en EE. UU. y Canadá. La Academia Americana de Pediatría (American Academy of Pediatrics) recomienda enfáticamente que no se use el castigo físico como forma de disciplina infantil.

El estudio de la Columbia se enfocó en casi 2,000 niños de 20 ciudades de EE. UU.

Cuando los niños tenían 3 y 5 años, los investigadores preguntaron a los padres con qué frecuencia habían azotado a sus hijos en el mes anterior porque el niño se comportara mal. Los investigadores evaluaron la conducta agresiva y el vocabulario de los niños a los 3 y a los 9 años.

En general, el 57 por ciento de las mamás y el 40 por ciento de los papás azotaban a sus hijos a los 3 años, mientras que el 52 por ciento de las mamás y el 33 por ciento de los papás reportaron que les daban azotes a los 5 años.

Los niños cuyas madres les azotaban a los 3 y a los 5 años de edad resultaron más propensos a actuar con agresividad y a romper las reglas para los 9 años, hallaron los investigadores.

Los 5 años parecen ser una edad particularmente sensible. Cualquier nivel de azotes maternos hizo que un niño fuera más propenso a comportarse mal a los 9 años, hallaron los investigadores. En comparación, solo los azotes frecuentes (dos veces o más por semana) a los 3 años tuvo un efecto sobre la agresividad de los niños de 9 años.

"Creo que este hallazgo, que ahora es constante en la literatura de investigación, sorprende a las personas que han utilizado los azotes porque tienden a enfocarse en los resultados que observan de inmediato. Los azotes podrían lograr que el niño deje de hacer lo que está haciendo en ese momento", comentó Catherine Taylor, profesora asociada de salud comunitaria global y ciencias conductuales de la Facultad de Salud Pública y Medicina Tropical de la Universidad de Tulane, en Nueva Orleáns.

"Incluso si los niños no actúan basados en sus sentimientos negativos de inmediato, ser golpeado no hace que nadie sea feliz", apuntó Taylor, quien no participó en el estudio. "El padre enseña al niño sin querer que golpear, o ser agresivo, es la forma de solucionar los problemas".

Los azotes de los papás no parecieron tener un efecto sobre la conducta posterior. Sin embargo, sí tuvieron un efecto sobre las habilidades lingüísticas de los niños para los 9 años, hallaron los investigadores.

Los niños cuyos papás les azotaban con frecuencia a los 5 años eran mucho más propensos a puntuar bajo en las pruebas que medían su vocabulario receptivo, que es la capacidad de reconocer y comprender las palabras al escucharlas o leerlas.

Este segundo hallazgo "sugiere que cuando los padres (en este caso los papás) golpean a los niños por motivos de disciplina, esto tiene efectos a largo plazos en la capacidad verbal receptiva de los niños", advirtió Taylor.

"Esto, por supuesto, tiene implicaciones para el rendimiento académico y el éxito general en la vida de los niños", señaló.

Los investigadores tienen una idea mucho mejor de por qué los azotes influyen sobre la agresividad que de por qué influye sobre la capacidad de aprendizaje, comentó MacKenzie.

Quizás las familias que usan azotes sean menos propensas a leerles a los niños o a guiar el desarrollo del lenguaje. El estrés que los niños sienten como resultado de los azotes también podría tener que ver. "Sabemos que los niños que sufren abusos físicos tienen problemas en el desarrollo cognitivo", comentó.

Al evaluar la agresividad y el vocabulario a los 3 años, el estudio también evaluó el argumento de que algunos niños simplemente se comportan mal y que por tanto reciben más azotes. Hallaron que los efectos retrasados conductuales y cognitivos de los azotes frecuentes a los 5 años de parte de mamás y papás seguían siendo contundentes independientemente de qué tan mala era la conducta temprana del niño.

"No compensa el efecto", afirmó MacKenzie. "Sigue ahí".

Aunque el estudio mostró una asociación aparente entre los azotes y la conducta y las capacidades de aprendizaje del niño, no necesariamente probó causalidad.

Más información

Para más información sobre la disciplina infantil, visite la Nemours Foundation.


Artículo por HealthDay, traducido por HolaDoctor.com

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FUENTES: Michael MacKenzie, Ph.D., associate professor, Columbia University School of Social Work, New York City; Catherine Taylor, associate professor, global community health and behavioral sciences, Tulane University School of Public Health & Tropical Medicine, New Orleans; November 2013, Pediatrics

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