Un estudio detecta una creciente disparidad en el problema de la obesidad entre los adolescentes en EE. UU.

Las tasas se reducen entre los niños de familias más educadas y ricas, y aumentan en los hogares con unos ingresos más bajos

Por Amy Norton
Reportero de Healthday

LUNES, 13 de enero de 2014 (HealthDay News) -- Aunque la tasa de obesidad adolescente se ha nivelado en años recientes en EE. UU., un nuevo estudio muestra que el problema en realidad está empeorando entre los niños de familias con menos recursos económicos.

Los investigadores hallaron que entre 2003 y 2010-11, hubo un declive en la obesidad entre los adolescentes de EE. UU. cuyos padres habían asistido a la universidad, equivalente a una reducción del 7 por ciento en un estudio del gobierno, y del 11 por ciento en otro.

Pero cuando observaron a los niños cuyos padres tenían una educación que no superaba a la secundaria, la tendencia fue desalentadora. En esos adolescentes, la tasa de obesidad siguió en aumento, llegando a entre un 26 y un 29 por ciento en 2010.

Se trata de una disparidad social sorprendente, aseguró el investigador líder, Carl Frederick, de la Universidad de Harvard, en Boston.

"Se trata de una buena noticia para las familias con un estatus socioeconómico elevado", dijo Frederick. "Estamos dando la vuelta a la tortilla. La mala noticia es que estamos dejando a otros niños detrás".

Se sabía que la obesidad es un problema más grande para los estadounidenses con menos ingresos y educación. Pero el nuevo estudio, que aparece en la edición de esta semana de la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, muestra que la brecha se está agrandando.

Y eso es preocupante, aseguraron los expertos.

"Ha habido un gran esfuerzo por educar a los padres y a los niños sobre la obesidad", señaló Marlo Mittler, nutricionista del Centro Médico Pediátrico Cohen de Nueva York, en New Hyde Park.

Pero los padres con unos ingresos más bajos tienen menos recursos para realizar unos cambios saludables, anotó Mittler. Las comidas procesadas de larga duración son asequibles, apuntó. Y en los barrios desventajados o en las áreas rurales, las familias podrían no tener un supermercado bien surtido cerca. En lugar de ello, quizá los padres tengan que recurrir a una tienda pequeña o bodega en la esquina, que con frecuencia no tienen frutas ni verduras frescas.

"Si solo tiene cinco minutos, y eso es lo que tiene frente a los ojos, es lo que comprará", lamentó Mittler.

Frederick se mostró de acuerdo en que el acceso a la comida saludable es un problema. Pero la falta de ejercicio podría ser un problema incluso más grande, apuntó.

La semana pasada, los Centros para el Control y la Prevención de las Enfermedades (CDC) de EE. UU. publicaron un estudio que halló que apenas una cuarta parte de los adolescentes de EE. UU. hacen la cantidad recomendada de ejercicio, de al menos una hora de actividad entre moderada y vigorosa al día.

Y el equipo de Frederick halló que los niños con menos ventajas se quedan aun más por detrás en este aspecto que los demás niños.

Para 2011, el 91 por ciento de los adolescentes con padres que contaban con una educación universitaria dijeron que habían hecho al menos 20 minutos continuos de ejercicio en la semana pasada, un aumento frente al 87 por ciento en 2003. En contraste, apenas el 80 por ciento de los niños con unos padres con un nivel educativo más bajo dijeron que hacían tanto ejercicio, y esa cifra no cambió entre 2003 y 2011.

En cuanto a los hábitos de alimentación, la noticia fue un poco mejor, dijo Frederick. En promedio, todos los adolescentes consumían menos calorías en años recientes. Pero el declive fue mayor entre los niños con padres que tenían una educación universitaria.

Frederick dijo que los motivos de esas disparidades no están claros. Pero otras investigaciones ofrecen algunas explicaciones posibles.

La carencia de espacios seguros al aire libre y centros comunitarios puede evitar que los niños con bajos ingresos hagan ejercicio, anotó Frederick. Además, podría haber una creciente división social en la participación en los deportes escolares, una de las principales formas en que los adolescentes hacen ejercicio.

En un estudio reciente, el equipo de Frederick halló que menos adolescentes de bajos ingresos de EE. UU. participan actualmente en los deportes escolares y en las actividades de los clubes. En contraste, la participación aumenta entre los niños de familias de ingresos más altos.

Por supuesto, lo mejor es prevenir la obesidad en primer lugar. Y ese esfuerzo debe comenzar temprano, según Jess Haines, que estudia los problemas de la obesidad infantil en la Universidad de Guelph en Ontario, Canadá.

En su investigación, Haines halló que unos cambios sencillos en las rutinas familiares parecen ralentizar el aumento excesivo de peso en los niños de edad preescolar de familias con bajos ingresos.

"Elegimos intencionadamente rutinas que no conllevaran un costo para las familias", explicó Haines.

Los cambios incluían que las familias se sentaran a comer más comidas juntas, reducir la televisión y hacer que los niños se fueran a la cama temprano para que estuvieran más descansados. (Los estudios han vinculado el exceso de televisión y la falta de sueño con el aumento de peso excesivo en los niños).

Frederick dijo que dar a las familias esos consejos prácticos podría resultar útil. "No podemos seguirles diciendo que hay que hacer ejercicio", planteó. "Debemos dar a las familias consejos sobre cómo incluirlo en sus vidas: caminar juntos en familia, usar las escaleras en lugar del ascensor".

Pero todos se mostraron de acuerdo en que hay una variedad de problemas que subyacen a la disparidad social en la obesidad adolescente, y que resolver el problema ameritará más que dar consejos a los padres. Por su parte, los CDC señalan que los estados y las comunidades deben hacer más para que haya frutas y verduras frescas en las escuelas, dar incentivos para que en las áreas de bajos ingresos abran supermercados, y respaldar las clases de educación física en todas las escuelas.

Mittler dijo que en las escuelas, unos cambios pequeños pueden hacer mucho bien, como incluir más verduras en el almuerzo. "Hay que dar pasos pequeños", dijo. "No hay que pasar de servir croquetas de pollo a tener un menú vegano con tofu orgánico".

Más información

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE. UU. tienen más información sobre la obesidad infantil.


Artículo por HealthDay, traducido por HolaDoctor.com

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FUENTES: Carl Frederick, Ph.D., research fellow, Harvard Kennedy School, Harvard University, Boston; Marlo Mittler, R.D., nutritionist, adolescent medicine, Cohen Children's Medical Center of New York, New Hyde Park, N.Y.; Jess Haines, Ph.D., R.D., assistant professor, family relations and applied nutrition, University of Guelph, Ontario, Canada; Jan. 13-17, 2014, Proceedings of the National Academy of Sciences

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