Mudarse de un barrio pobre podría afectar a la salud mental de los chicos, según un estudio

Sin embargo, las chicas tienden a llevar mejor la movilidad a una zona mejor, afirman unos investigadores

Por Steven Reinberg
Reportero de Healthday

MARTES, 4 de marzo de 2014 (HealthDay News) -- Los chicos, pero no las chicas, tienden a sufrir más de depresión y de algún trastorno de la conducta después de mudarse de un barrio pobre a uno mejor, según un estudio reciente.

Los trastornos de la conducta incluyen conductas de mal comportamiento, como el acoso escolar, las peleas, la crueldad hacia otras personas o animales, dañar la propiedad, dejar la escuela y desobedecer otras normas, según la Academia Estadounidense de Psiquiatría de Niños y Adolescentes (American Academy of Child and Adolescent Psychiatry).

"Dar a las familias pobres la oportunidad de mudarse a un barrio mejor tiene un efecto mental significativo en los niños de la familia", afirmó el investigador principal, Ronald Kessler, profesor de políticas de atención de salud de la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard.

"Lo sorprendente es que los efectos en la salud mental de las chicas fueron positivos, y en la de los chicos, negativos", señaló.

Una razón para esta distinción podría estar en cómo ven sus vecinos a los chicos y las chicas, dijo Kessler.

Cuando un chico va de un barrio pobre a uno mejor, automáticamente se le considera como un "delincuente juvenil" y las personas lo tratan de manera distinta, comentó.

"No tiene las mismas oportunidades de integración en el barrio", señaló Kessler. "En cambio, cuando llega una chica, la actitud es que se trata de una pobre chica de la zona marginal, y hay que ayudarla".

El estudio halló también que a las chicas les iba mejor en los barrios mejores, ya que sufren menos violaciones sexuales y actos violentos. Pero, para los chicos, mudarse no modificó el nivel de violencia.

Kessler dijo que el gobierno debería tomar estos problemas en consideración al promulgar y buscar políticas de vivienda pública.

"No solo se trata de que tengan un techo, sino de dónde está ese techo", indicó. "Cada decisión que toma la autoridad de la vivienda es una decisión simplista sobre la multitud, y va a perjudicar a alguien de manera significativa".

El informe fue publicado el 5 de marzo en la revista Journal of the American Medical Association.

El Dr. Jefry Biehler, presidente de pediatría del Hospital Pediátrico de Miami, señaló que el estudio debería usarse como ayuda para el desarrollo de políticas de vivienda que tengan estos problemas en cuenta.

"Las políticas de vivienda pública son una cuestión muy difícil y complicada y lo que se podría predecir como una oportunidad positiva para las familias puede tener ramificaciones que no se pensaron con anterioridad", comentó Biehler.

Por otra parte, añadió Biehler, "los legisladores y los críticos de las políticas de vivienda pública no deberían usar este estudio para sugerir que los cambios y las oportunidades con respecto a la vivienda son innecesarios o perjudiciales".

Otro experto afirmó que la situación es incluso más complicada de lo que muestra el estudio.

"Resolver las variables de lo que aumenta o reduce el riesgo de los jóvenes que viven en la pobreza es algo muy complejo", señaló el Dr. Victor Fornari, director de la división de psiquiatría infantil y adolescente del Sistema de Salud North Shore-LIJ en New Hyde Park, Nueva York.

Estos niños se exponen a muchos factores de riesgo, y no solo a la pobreza, dijo. A menudo sufren negligencia, abusos físicos, las enfermedades mentales de sus padres, el abuso de drogas de sus padres, la ausencia de los padres y el hecho de sus padres estén en la cárcel.

"Sabemos que en muchos barrios pobres los padres están ausentes", indicó Fornari. "Generalmente, los jóvenes son criados por sus madres y sus abuelas, de modo que a menudo los chicos carecen de modelos del rol masculino y las chicas tienen el respaldo de sus madres".

Para el nuevo estudio, Kessler y sus colegas analizaron lo que ocurre a los niños que se mudan de barrios pobres a otros más ricos.

Los investigadores seleccionaron al azar a aproximadamente 4,600 familias que viven en viviendas públicas en barrios pobres. Algunas de las familias tenían cupones para mudarse a áreas mejores, algunas tenían cupones que les permitían mudarse a donde eligieran y otras no tenían ningún tipo de ayuda.

Al principio del estudio, la edad de los niños variaba entre los recién nacidos y los 8 años de edad. Entre 10 y 15 años más tarde, los investigadores entrevistaron a aproximadamente 1,400 chicos y casi 1,500 chicas.

El equipo de Kessler halló que aproximadamente un 7 por ciento de los chicos que se mudaron de barrios pobres sufrieron de depresión mayor, en comparación con el 3.5 por ciento de los chicos que permanecieron en sus barrios pobres.

Las diferencias también fueron pronunciadas con respecto al trastorno por estrés postraumático (el 6.2 por ciento frente al 1.9 por ciento) y a los trastornos de la conducta (el 6.4 por ciento frente al 2.1 por ciento).

El trastorno por estrés postraumático también fue más habitual en los chicos cuyas familias podían mudarse a cualquier lugar, en comparación con los que siguieron viviendo en las zonas pobres (el 4.9 por ciento frente al 1.9 por ciento).

El grupo de Kessler halló que menos chicas que se mudaron sufrieron de depresión mayor (el 6.5 por ciento frente al 10.9 por ciento) y de trastornos de la conducta (el 0.3 por ciento frente al 2.9 por ciento), en comparación con las chicas que se quedaron en el mismo lugar.

Aunque el estudio halló una asociación entre irse de un barrio pobre y los cambios en la salud mental de los niños, no estableció una relación de causalidad.

El Dr. Matthew Lorber, psiquiatra infantil en el Hospital Lenox Hill de la ciudad de Nueva York, dijo que el problema es un fallo a la hora de identificar y tratar las enfermedades mentales en los niños pobres en riesgo. Si el tratamiento estuviera disponible para estos niños, dijo, se podrían evitar muchos de los problemas observados cuando son adolescentes.

"Los chicos que crecen en la pobreza tienen tasas más altas de problemas mentales y trastornos de la conducta", indicó Lorber. "Centrarse en los niños que están en riesgo y hacer que sigan un tratamiento a una edad temprana sería un modo mucho más productivo de evitar enfermedades mentales graves. Ahora mismo tenemos el problema de que los niños con un riesgo alto no son identificados y no empiezan el tratamiento a una edad temprana".

Más información

Para más información sobre la salud mental de los niños, visite el Departamento de Salud y Servicios Humanos de EE. UU.


Artículo por HealthDay, traducido por HolaDoctor.com

© Derechos de autor 2014, HealthDay

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FUENTES: Ronald Kessler, Ph.D., professor of health care policy, Harvard Medical School, Boston; Victor Fornari, M.D., director, division of child/adolescent psychiatry, North Shore-LIJ Health System, New Hyde Park, N.Y.; Matthew Lorber, M.D., child psychiatrist, Lenox Hill Hospital, New York City; Jefry Biehler, M.D., chairman of pediatrics, Miami Children's Hospital, Florida; March 5, 2014, Journal of the American Medical Association

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