Los niveles hormonales en el útero se vinculan con el riesgo de autismo en los chicos, según un estudio

Los expertos advierten que el hallazgo es preliminar y que actualmente no tiene implicaciones para el tratamiento ni la prevención

Por Amy Norton
Reportero de Healthday

MARTES, 3 de junio de 2014 (HealthDay News) -- Algunos chicos con autismo podrían haber estado expuestos a niveles ligeramente elevados de ciertas hormonas en el útero, sugiere un estudio reciente, aunque no está claro qué significa el hallazgo.

Los investigadores hallaron que de 345 chicos con y sin autismo, los que sufrían del trastorno tenían niveles algo más elevados de hormonas esteroides en muestras almacenadas de su líquido amniótico. Específicamente, tenían niveles elevados de cuatro hormonas sexuales, entre ellas la testosterona y la progesterona, y de cortisol, la hormona del estrés.

Los expertos dijeron que aún no está claro cómo interpretar los resultados, publicados el martes en línea en la revista Molecular Psychiatry. Y es importante anotar que el estudio no prueba que unos niveles hormonales elevados provocaran autismo, solo que parecía haber una conexión entre el autismo y unos niveles más elevados de hormonas esteroides.

"Esto no arroja información sobre el rol de las hormonas esteroides en el desarrollo del autismo", señaló Alycia Halladay, directora principal de ciencias ambientales y clínicas del grupo de defensoría Autism Speaks.

Pero los hallazgos sí plantean preguntas para investigaciones posteriores, según Halladay, quien no participó en la investigación.

Es posible que las hormonas esteroides, por sí mismas, tengan la culpa, dado que las investigaciones sugieren que afectan al desarrollo del cerebro, según Simon Baron-Cohen, investigador líder del nuevo estudio.

"Unos niveles elevados de esteroides podrían cambiar directamente la expresión de los genes en el cerebro", planteó Baron-Cohen, quien dirige el Centro de Investigación sobre el Autismo de la Universidad de Cambridge, en Reino Unido.

Por otro lado, apuntó, las elevaciones hormonales podrían ser el resultado de algún otro factor desconocido.

Los trastornos del espectro autista se refieren a una variedad de trastornos del neurodesarrollo. Esos trastornos se caracterizan por dificultades sociales, problemas de comunicación y conductas repetitivas, según el Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos y Accidentes Cerebrovasculares. Se estima que uno de cada 68 niños de Estados Unidos ha sido diagnosticado con un trastorno del espectro autista, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE. UU.

Para el estudio, los investigadores usaron muestras almacenadas de un gran grupo de mujeres danesas que se sometieron a una amniocentesis entre 1993 y 1999. La amniocentesis conlleva extraer una pequeña cantidad de líquido de la bolsa que rodea al feto. En general, se ofrece a las mujeres que están en un mayor riesgo de tener un bebé con un defecto congénito.

El equipo de Baron-Cohen comparó muestras de 128 chicos que contrajeron autismo con las de 217 chicos sin autismo. Dijeron que excluyeron a las chicas porque solo unas pocas tenían autismo, y otros factores dificultaban demasiado comparar los niveles de hormonas esteroides entre esas chicas y las chicas con un desarrollo normal.

Entre los chicos, los autistas tendían a tener unos niveles prenatales de hormonas esteroides ligeramente más elevados.

Aún así, anotó Halladay, la diferencia promedio entre los grupos fue pequeña, y es difícil saber el posible significado. Pero averiguar por qué existe una diferencia en lo absoluto podría ofrecer información sobre las causas del trastorno, según Halladay.

Comentó que ciertas exposiciones ambientales podrían afectar a los niveles de hormonas esteroides, incluso las sustancias "disruptoras hormonales" halladas en los plásticos, en las latas metálicas de comida y otros productos cotidianos.

Pero hasta ahora, dijo Halladay, los estudios no han logrado establecer un vínculo entre esas sustancias químicas y el riesgo de autismo.

Tanto Baron-Cohen como Halladay enfatizaron que los hallazgos del estudio actual no tienen una aplicación práctica, por ahora.

"Esto no significa que las mujeres embarazadas deban solicitar una amniocentesis para medir sus niveles hormonales", advirtió Halladay.

Y, dijo Baron-Cohen, no hay motivos para tratar el autismo con bloqueadores hormonales.

Otra experta en autismo enfatizó que se cree que el trastorno surge de una compleja mezcla de vulnerabilidad genética y el ambiente.

"Es extremadamente complejo, y no se tratará de un solo factor", aseguró Dana Levy, profesora asistente de psicología infantil y adolescente del Centro Médico Langone de la NYU, en la ciudad de Nueva York.

Los científicos ya han vinculado unos pocos de cientos de genes con el autismo, y los estudios están investigando los factores ambientales potenciales, desde sustancias tóxicas hasta infecciones durante el embarazo.

"Los investigadores lo están abordando desde todos los ángulos para intentar comprender qué sucede en el autismo", aseguró Levy.

Los chicos tienen un riesgo particular, y son afectados con una frecuencia casi cinco veces mayor que las chicas. Y ese es uno de los misterios del autismo, anotó Levy.

Baron-Cohen especuló que sus hallazgos insinúan una explicación. Las hormonas elevadas en este estudio incluían no solo a la testosterona, sino también a precursores de la testosterona.

Pero todos dijeron que se necesitan más estudios, incluso estudio de chicas con autismo, antes de que se puedan sacar conclusiones.

Por ahora, Baron-Cohen dijo que los resultados se pueden considerar como más evidencias de que los orígenes del autismo se remontan al útero.

Más información

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE. UU. tienen más información sobre el autismo.


Artículo por HealthDay, traducido por HolaDoctor.com

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FUENTES: Simon Baron-Cohen, FBA, director, Autism Research Center, University of Cambridge, U.K.; Alycia Halladay, Ph.D., senior director, environmental and clinical sciences, Autism Speaks, New York City; Dana Levy, Psy.D., clinical assistant professor, child and adolescent psychology, NYU Langone Medical Center, New York City; June 3, 2014 Molecular Psychiatry online

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