(FUENTES: James Burke, M.D., M.S., clinical lecturer, research fellow, department of neurology, University of Michigan Medical School, Ann Arbor; John Volpi, M.D., assistant professor, Weill Cornell Medical College, and co-director, Eddy Scurlock Stroke Center, Houston; June 26, 2013, Neurology)

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Las lesiones cerebrales podrían aumentar el riesgo de ACV

Un estudio de más de un millón de personas halló un vínculo, pero no causalidad

Por Barbara Bronson Gray
Reportero de Healthday

MIÉRCOLES, 26 de junio (HealthDay News) -- Las personas que sufren una lesión cerebral traumática podrían tener más probabilidades de padecer un accidente cerebrovascular (ACV), sugiere un nuevo estudio de gran tamaño.

Y aunque las probabilidades de sufrir un ACV siguen siendo bajas, sufrir una lesión cerebral traumática (LCT) podría ser un factor de riesgo tan importante como la hipertensión, señaló el autor del estudio, el Dr. James Burke.

Aunque el riesgo de ACV por lo general se relaciona con los adultos mayores, alrededor del 20 por ciento ocurren en personas menores de 65 años, apuntó Burke, investigador del departamento de neurología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Michigan. "Por lo general, el ACV no se asocia con las personas jóvenes, y no se comprende bien por qué las personas jóvenes sufren ACV".

Pero cuando los adultos más jóvenes sufren un ACV, los efectos pueden ser terribles.

El Dr. John Volpi, codirector del Centro del Accidente Cerebrovascular Eddy Scurlock en Houston, recuerda a un paciente que tuvo un accidente menor en una bicicleta, y que parecía estar bien. Pero apenas unos días después, el hombre, que solo tenía 45 años, sufrió un ACV. "Fue una recuperación lenta, volver a caminar y a hablar, y debido a que era un oftalmólogo, tardó mucho en poder volver al trabajo", comentó Volpi.

Aunque Burke, el autor del estudio, apuntó que la prevención del ACV ha avanzado mucho en los últimos 20 años más o menos, al tratamiento agudo del ACV solo ha experimentado un adelanto significativo, la administración de un potente trombolítico llamado activador del plasminógeno tisular (APT).

El APT intravenoso se usa en las primeras horas tras un ACV para ayudar a romper los coágulos sanguíneos asociados con el ACV isquémico, en que el flujo sanguíneo a una parte del cerebro se bloquea. El ACV isquémico representa alrededor del 87 por ciento de todos los casos, según la Asociación Americana del Corazón (American Heart Association).

"La próxima área para un avance importante [en la prevención del ACV] es hallar otros factores de riesgo que podrían desempeñar un rol crítico, sobre todo entre las personas más jóvenes", planteó Burke.

No está claro cómo la LCT podría aumentar el riesgo de ACV de una persona, añadió. "Los pacientes de LCT podrían tener más dolores de cabeza, un mayor temor de convulsiones, cambios en la dieta, una verdadera reorganización del cerebro, o quizás se vean afectados por el estrés de la LCT, o tal vez las placas ateroscleróticas se activen".

El estudio, que aparece en la edición del 26 de junio de la revista Neurology, utilizó varias bases de datos de adultos de California que acudieron al departamento de emergencias o que fueron dados de alta del hospital entre 2005 y 2009. El estudio incluyó a más de 400,000 personas con lesiones cerebrales traumáticas y más de 700,000 personas con traumas pero sin lesión cerebral. La edad promedio de los participantes fue de unos 50 años.

Unos 28 meses tras la lesión, más de 11,000 personas (el 1.1 por ciento) sufrieron un ACV isquémico. Entre los que tuvieron un trauma pero no una lesión cerebral, solo el 0.9 por ciento sufrieron un ACV. Aunque quizás esa diferencia parezca pequeña, es significativa, porque el riesgo general de ACV entre las personas de esa edad es tan minúsculo, explicó Burke.

Tras tomar en cuenta factores que pueden afectar el riesgo de ACV, como las enfermedades cardiacas, la hipertensión, el colesterol alto, la gravedad del trauma y la edad, los científicos hallaron que los que sufrieron una LCT tenían un 30 por ciento más probabilidades de padecer un ACV que aquellos cuyos traumas no eran lesiones cerebrales.

Volpi dijo que en el estudio participaron muchos pacientes, con unos resultados robustos y datos de alta calidad. Pero anotó que la conexión entre el trauma y el ACV sigue sin estar clara. "Podría ser una relación causal, pero no lo sabemos con certeza. Es posible que una lesión en la cabeza podría conducir a que se lesione una arteria", planteó.

Quizás la respuesta más probable a la conexión sea que "cuando el tubo interno dentro del vaso se deshace porque recibe un minúsculo rasgado con el trauma, permite que la sangre entre con fuerza en las dos capas y el flujo sanguíneo se ralentice o se detenga, lo que puede provocar un bloqueo", sugirió Volpi.

Volpi ofreció algunos consejos prácticos para las personas en riesgo de lesiones deportivas. "Le preguntaría al médico o al entrenador qué tipos de lesiones de la cabeza se esperan y qué hacen para prevenirlas", señaló.

Burke, autor del estudio, se mostró escéptico sobre qué tanto confirma su propia investigación en realidad. Aunque hay un número considerable de ACV en personas menores de 65 años, los factores de riesgo todavía no están claros, comentó. "Lo máximo que puedo decir con honestidad es que este estudio ayuda a informar qué debemos buscar en la próxima investigación".

Más información

Para más información sobre el accidente cerebrovascular, visite los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE. UU.


Artículo por HealthDay, traducido por HolaDoctor.com

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